Edin Dzeko, capitán de Bosnia, protagonizó una imagen inolvidable esa noche. A sus 40 años, su celebración y la estampa de él en el banquillo, con el hombro vendado tras una dura entrada de Frattesi e imposibilitado para lanzar un penalti decisivo, quedará grabada en la memoria de todos. Este momento significó la mayor hazaña futbolística de Bosnia: su clasificación para el Mundial, una noche de emociones contrastantes para Italia, que una vez más se enfrentó a la decepción por no lograr la clasificación.
Revancha contra Italia
Su participación no fue necesaria, ya que los ‘jóvenes terribles’ de Bosnia asumieron el protagonismo. No es casualidad que la mayor victoria de Dzeko con su selección llegara precisamente contra Italia, un país al que consideraba su segunda casa como futbolista y del que se había despedido recientemente tras un paso poco afortunado por la Fiorentina. Esta victoria puso de manifiesto un claro contraste: la liga italiana depende cada vez más de estrellas veteranas y casi cuarentañeras, reflejo de una profunda crisis en la producción de nuevos talentos, a diferencia de Bosnia, que exhibió a sus jóvenes promesas y su talento emergente.
Lección de Deportividad
En retrospectiva, Dzeko y toda Bosnia parecieron ganar el partido antes de jugarlo. Esto contrastó con la ‘desafortunada’ celebración anterior de Italia tras vencer a Irlanda del Norte en la lotería de los penaltis contra Gales, lo que algunos podrían interpretar como una invitación al karma. Dzeko, como verdadero deportista, demostró respeto por Italia y amistad hacia su excompañero de equipo Dimarco, disipando cualquier animosidad potencial.
Verdadero Héroe
Tras la intensa batalla de Cardiff, Dzeko aguantó otros 120 minutos en el partido que marcaba una cita con la historia, liderando a su equipo con su experiencia habitual y proverbial liderazgo. Este grupo lo dio todo, demostrando no solo carácter sino también habilidad técnica, superando la supuesta brecha técnica contra una nación que ha ganado cuatro Mundiales. Hoy, los verdaderos héroes son ellos, y Edin Dzeko es el capitán valiente de este grupo, con el hombro vendado y sin poder dejar su firma en la clasificación desde los penaltis, pero fundamental en su histórica hazaña.
