Turquía anhela fervientemente ser parte de la historia del Mundial de este año, una meta que no consigue alcanzar desde hace 24 años. El capitán Hakan Calhanoglu y sus compañeros de equipo abrigan grandes esperanzas de lograr esta hazaña. Sin embargo, en el decisivo partido final que disputarán en Kosovo, los turcos se enfrentan a una batalla dual: no solo contra su oponente en el campo, sino también contra la inmensa presión y el peso de sus propias elevadas expectativas.
