La frase habitual dice que el Atlético de Madrid no podría haber soñado con un mejor inicio en su eliminatoria de la Liga de Campeones contra el Tottenham Hotspur. Sin embargo, la realidad es que, incluso en los sueños de Diego Simeone, su equipo habría mostrado una calidad aún mayor para construir una ventaja tan significativa en apenas 23 minutos.
Los Rojiblancos salieron con gran intensidad desde el pitido inicial, presionando alto y buscando forzar errores en los Spurs desde el principio. Después de un par de incursiones prometedoras, el primer fallo llegó de Antonin Kinsky a los seis minutos. Su resbalón le regaló el balón a Ademola Lookman en el borde del área, quien lo cedió a Julián Álvarez, y este a su vez habilitó a Marcos Llorente, que disparó raso al segundo palo para hacer estallar el Metropolitano.
Ocho minutos más tarde, la euforia alcanzó su punto álgido. Llorente logró desviar el balón hacia Micky van de Ven, quien también resbaló. Antoine Griezmann aprovechó la situación, amagó a Kevin Danso y remató de empeine al primer palo, continuando con su excelente estado de forma. Apenas un minuto después, Kinsky volvió a fallar en su intento de despeje. Álvarez pudo correr sin oposición para anotar el 3-0 a los 15 minutos, dejando al Tottenham completamente conmocionado. El entrenador Igor Tudor reaccionó inmediatamente, sustituyendo a Kinsky por Guglielmo Vicario.
El guardameta italiano entró en acción cinco minutos después, deteniendo un cabezazo de falta de Griezmann, pero Robin Le Normand estuvo atento para cabecear el rebote, mientras el Metropolitano rugía de deleite. En ese momento, parecía que el partido podía descontrolarse. Diego Simeone sin duda sentirá que su equipo perdió la concentración, porque en el minuto 27 los Spurs lograron construir su segunda buena jugada del encuentro. Richarlison se coló por la izquierda y consiguió devolver el balón al área para Pedro Porro. Este engañó a Matteo Ruggeri con un primer toque retrasado y, con el espacio creado, disparó cruzado a Jan Oblak al segundo palo.
Los últimos 15 minutos de la primera mitad vieron un cabezazo de Cristian Romero al poste tras un saque de esquina, y después de que Ruggeri retrasara el balón al punto de penalti, Llorente, desequilibrado, desperdició una oportunidad de oro para conseguir su segundo gol. La naturaleza tan caótica de los primeros 27 minutos hizo que fuera difícil para los jugadores mantener la tensión.
El Atlético de Madrid afianza su ventaja de tres goles
Cualquier esperanza que los Spurs pudieran tener de meterse en el partido pareció desvanecerse en el minuto 55. Richarlison fue frustrado por una brillante parada de Oblak. Del despeje resultante, un exquisito toque de Griezmann envió a Álvarez en solitario al espacio, sin oposición y con 60 metros por delante. Con el portero enfrente, Álvarez mostró una compostura que a menudo le ha faltado esta temporada, y acarició el balón para marcar el quinto gol ante Vicario.
Simeone, consciente de la dificultad de mantener la concentración, pareció dar el partido por sentenciado en ese momento, añadiendo incluso un quinto defensor. Sin embargo, fue el propio Oblak quien cometió un error para el Atlético minutos después, regalando el balón a falta de 15 minutos. Dominik Solanke fue el beneficiario de este error, anotando el segundo gol para los Spurs con un potente disparo.
Ese fue el final de la cuenta goleadora, y el final del partido trajo consigo un análisis complejo. Simeone estará encantado con el rendimiento de su equipo, la presión que ejercieron sobre el Tottenham y su deseo de consolidar la ventaja. No obstante, cuando sonó el pitido final, con los Spurs marcando dos de los últimos tres goles, las celebraciones se habían silenciado un poco. Cuatro de los siete goles provienen de errores que no corresponden a una fase de la Liga de Campeones. A pesar de ello, la diferencia de tres goles entre ambos equipos es lo que importa, y Simeone dormirá tranquilo como resultado.
