Durante la sesión de entrenamiento de ayer por la tarde, se observó un episodio significativo: Roberto D’Aversa, con su habitual pasión y determinación, alzó la voz para corregir a uno de sus futbolistas. Fue una reprimenda espontánea y directa, de esas que forman parte de la dinámica cotidiana y esencial en el campo, demostrando el rigor y el compromiso que el entrenador imprime a cada sesión de trabajo con el equipo…
