Fútbol

Infinito Messi: del penal fallado a la épica remontada y las lágrimas tras Argentina-Egipto

8 de julio de 2026Diego Herrera5 min

Desde el infierno hasta el paraíso, todo se resume en el partido de un Messi cada vez más infinito.

La imagen de Argentina-Egipto llega al final del encuentro. La celebración, obviamente, es por la hazaña conseguida, pero entre la euforia descontrolada de los jugadores sudamericanos y sus aficionados, hay otra instantánea que destaca: Lionel Messi rompiendo a llorar.

Y es que, si bien el campeón lo ha ganado todo lo que un futbolista solo puede soñar, el hombre no puede evitar emocionarse tras una noche como la vivida en Atlanta. Una montaña rusa de emociones, que parte del infierno y llega a lo más alto, hasta el paraíso.

Este fue el partido de la Albiceleste y este fue el partido de Leo, quien durante más de una hora vio los fantasmas de una eliminación clamorosa que llevaba su firma, quien vio la posibilidad real de seguir los pasos de Cristiano Ronaldo y emprender el vuelo de regreso a casa, poniendo fin a su aventura en el Mundial.

Pero él no se rinde y, de un posible final con mancha, transforma el octavo de final contra Egipto en una página más de una historia infinita e incomparable.

EL ERROR DESDE LOS ONCE METROS Y EL PALO

La pesadilla comienza a materializarse al cuarto de hora, cuando Ibrahim adelanta a Egipto. Un despiste defensivo y una ducha fría para Argentina. Sin embargo, reacciona y pocos minutos después, al minuto 21, consigue un penal gracias a Tagliafico.

Desde el punto de penal, inevitablemente, va Messi. Y ahí ocurre lo que nadie en el estadio de Atlanta esperaba: Leo patea mal, a media altura y poco angulado, el portero Shobeir se lanza y desvía. Segundo penal fallado en este Mundial, el primero en la historia en fallar dos en la misma edición. El cuarto de ocho lanzados en torneos de Copa del Mundo. Los penales, un verdadero tabú para Messi, quien siente el peso del posible fracaso.

La noche parece embrujada, la mala suerte también se hace presente con el palo que detiene a la Pulga. Y para agravar la situación, llega el inicio de la segunda mitad, con Egipto a quien primero se le anula el segundo gol por una falta revisada por el VAR, y luego, al minuto 67, encuentra realmente el 0-2 con Ziko, el mismo a quien le habían anulado el tanto pocos minutos antes.

GOL Y ASISTENCIA: LIDERANDO LA REMONTADA

Los vigentes Campeones del Mundo ven el abismo, Messi ve el riesgo concreto de ser el causante de la eliminación de los suyos. Si no el único, al menos uno de los principales.

En estos casos, un jugador normal se hundiría, pero Leo no es un jugador normal. Lionel Scaloni desde el banquillo lo ayuda dando entrada a un Montiel que cambia la dinámica del partido, pero si la remontada se inicia, gran parte del mérito es de la Pulga, quien hace lo que se espera de un campeón de su talla: se echa el equipo a la espalda.

Primero, regala la asistencia para Romero que acorta distancias, luego decide que empatar no es un objetivo sino una misión, y la cumple de la mejor manera. Intenta el centro para Lautaro Martínez, una vez, dos veces, Montiel logra cederle el balón y esta vez Messi deja de lado los adornos: dispara con potencia, con rabia, pero con una técnica que pocos poseen, su zurda es un latigazo que no da tregua a Shobeir, quien incluso toca el balón.

Será luego Enzo Fernández quien firme el 3-2, pero la remontada lleva la firma con fuego de Messi, quien asciende a 8 goles en este Mundial y a 21 el total en la justa mundialista.

LAS LÁGRIMAS DE MESSI

El pitazo final es una liberación y da paso a la fiesta de Argentina. Todos los focos apuntan a Messi y difícilmente podría ser de otra manera. Se ha echado a la espalda un equipo y una nación, pero al final del partido, no puede contener más la emoción que había reprimido durante casi 100 minutos.

Las lágrimas son las de un hombre que lo ha dado todo, de un monumento que, tras jugar un partido que no era de Messi durante una hora, se levanta y aún logra emocionarse ante otra hazaña y una noche que conmueve a Scaloni y a los aficionados argentinos.

Lágrimas que contrastan con las que, 24 horas antes, derramó Cristiano Ronaldo. El portugués cerró su Mundial de la peor manera, una actuación opaca en la noche de la eliminación y la conciencia de no haber podido hacer más. También fueron lágrimas de rabia y tristeza las de Neymar Jr, quien se despidió con un penal insuficiente para salvar a Brasil de la derrota. Las de Messi son de alegría, porque a los 39 años, Leo todavía no tiene intención de detenerse.

LA CELEBRACIÓN DE LOS COMPAÑEROS

Las lágrimas son una imagen fuerte pero breve, porque dejar a Messi solo en su emoción es algo impensable para los aficionados y aún más para sus compañeros de equipo.

Y así, los jugadores de Argentina hacen lo único posible: toman a Leo y lo empiezan a lanzar al aire. Messi llevado en andas, una vez más padre y dueño de los destinos de la Albiceleste. Una historia que supera incluso la loca noche de Atlanta y continúa con un sueño: levantar la segunda Copa del Mundo y distanciarse definitivamente de Diego Armando Maradona. Como si todavía hiciera falta certificar el legado inmortal de Messi.