El encuentro entre Independiente Medellín y Flamengo, correspondiente a la cuarta jornada de la Copa Libertadores, fue suspendido la noche del martes a causa de graves problemas de seguridad en el estadio Atanasio Girardot en Colombia. La decisión final sobre el futuro del partido recae ahora en la Conmebol, entidad organizadora del torneo.
La protesta de los aficionados locales comenzó apenas iniciado el encuentro, desencadenando actos violentos que incluyeron el lanzamiento de bombas, bengalas y el uso de láseres. Tras apenas tres minutos de juego, el árbitro se vio obligado a detener el partido, lo que llevó a ambos equipos a retirarse a los vestuarios.
Los manifestantes, muchos de ellos encapuchados, intentaron invadir el terreno de juego, arrojando diversos objetos como planchas metálicas y sillas. En un incidente alarmante, un artefacto explosivo impactó en la mochila y los pantalones de un camarógrafo de ESPN, provocando que estos prendieran fuego. Los hinchas del Independiente Medellín expresaban así su descontento por la actual situación del club, que recientemente fue eliminado del campeonato colombiano.
Según reportes, la policía colombiana había propuesto la opción de jugar el partido a puerta cerrada, una solicitud que fue rechazada por la directiva del club de Medellín.
El caso presenta un precedente similar con la victoria a favor del Flamengo en la Copa Libertadores de 2025 contra Fortaleza, lo que sugiere la posibilidad de una resolución similar en este incidente.
