El ex árbitro internacional Nicola Rizzoli, conocido por haber dirigido la final del Mundial 2014 y ahora responsable del departamento arbitral de la CONCACAF, compartió recientemente una interesante anécdota durante una entrevista en Campus Talk.
Rizzoli siempre ha defendido la importancia del diálogo entre árbitros y jugadores desde sus comienzos. Contrastando el enfoque tradicional que veía al árbitro como una figura intocable, creía firmemente que una comunicación abierta era fundamental para guiar a los jugadores hacia el respeto de las reglas y el espíritu del juego.
Esta apertura permitía una comprensión mutua, sin reservas. Rizzoli no dudaba en admitir errores, incluso cuando una decisión resultaba de una interpretación equivocada. A menudo decía a los jugadores: «Lo vi así, pero podría haberme equivocado.» Esta honestidad construía confianza, demostrando que, aunque era humano y sujeto a errores (y cometió varios en su carrera), la relación de transparencia permitía a los jugadores aceptar incluso las decisiones más controvertidas.
El encuentro especial con Roberto Baggio
Como prueba de esta filosofía, Rizzoli narró un memorable episodio ocurrido durante un partido Lazio-Brescia en 2001, su segundo partido en la Serie A. Describió a Roberto Baggio como el mejor no solo por sus habilidades técnicas, sino sobre todo por su excepcional estatura humana. A solo 29 años, arbitrar un partido así en el Olímpico, especialmente después de que el Brescia se adelantara inesperadamente a los pocos minutos, podría haber sido intimidatorio. Las tensiones aumentaron, pero durante el entretiempo, mientras regresaban al campo, algo extraordinario sucedió: Baggio se le acercó.
Aunque no lo conocía, Baggio le dijo: «Estás arbitrando muy bien, no te pondremos en apuros. Si alguno de mis jugadores intenta causarte problemas, dímelo y yo me ocuparé.» Este gesto, proveniente de una leyenda del fútbol hacia un joven árbitro desconocido, no solo lo tranquilizó enormemente sino que también resaltó la grandeza y el respeto de Baggio por el juego. Un momento que demuestra el calibre de ciertos atletas: ser no solo tranquilizado sino también elogiado por Roberto Baggio es una experiencia inolvidable.
