Tras la dimisión de Gravina como presidente de la FIGC, el fútbol italiano se encuentra en un punto de inflexión crucial. Se abre un periodo fundamental en el que es imperativo no malgastar los próximos tres meses. Este tiempo debe ser utilizado diligentemente para implementar las reformas urgentes y necesarias que el sistema requiere, asegurando así un futuro más estable y prometedor para el deporte en el país.
